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EEUU busca «mano dura» regional contra bandas haitianas y seduce a la OEA con promesa de fondos

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha trazado una estrategia de doble filo para hacer frente al poderío de las bandas criminales que asfixian a Haití. La ambiciosa iniciativa geopolítica combina una política de represión letal contra las organizaciones delictivas con una intensa labor diplomática destinada a allanar el camino hacia una transición democrática en el país caribeño.

En este tablero estratégico, la administración republicana ya ha movido sus fichas, estableciendo contacto con Albert Randim, el inminente secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA). Randim se ha mostrado receptivo a la propuesta estadounidense, una predisposición que encuentra eco en razones tanto políticas como históricas.

Consciente de los posibles recortes en los aportes económicos de Washington a la OEA, Randim vislumbra en la alianza diplomática con Donald Trump una oportunidad para mitigar la temida poda presupuestaria que se gesta en el Departamento de Estado.

Además, el secretario General electo cuenta con un precedente histórico de peso para persuadir a los socios más reticentes del foro regional. En 1965, a instancias del presidente Lyndon B. Johnson, la OEA desplegó una dotación de Fuerzas Interamericanas de Paz en República Dominicana. Si bien algunos podrían argumentar que aquella misión respondió a la lógica de la Guerra Fría, lo cierto es que sirve como antecedente para una eventual intervención regional en Haití, esta vez con el objetivo de reprimir a las bandas criminales y fortalecer las instituciones locales.

La apuesta de Estados Unidos por una alianza diplomática con la OEA surge tras el reconocido fracaso de la última misión coordinada por Naciones Unidas en Haití, donde la fuerza policial keniana se mostró impotente ante el avance de las pandillas. La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) ha contabilizado más de 1.600 muertos y 580 heridos a causa de la violencia pandillera solo en el primer trimestre de 2025.

«Esta es una de las crisis más complejas y urgentes del mundo, con implicaciones para la estabilidad regional y global», advirtió Amy Pope, Directora General de la Organización Internacional para las Migraciones. Pope, tras su reciente visita a Haití, constató un panorama desolador. Sin embargo, Estados Unidos considera que la responsabilidad multilateral debe recaer exclusivamente en la OEA, enfocada en la agenda regional.

Mientras aguarda la asunción formal de Randim en la OEA, el Departamento de Estado ya ha lanzado su ofensiva contra las bandas que controlan el 85 por ciento del territorio haitiano. Hace dos días, el secretario de Estado Marco Rubio anunció la designación de Viv Ansanm y Gran Grif como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales, tras años de impunidad y violencia sistemática.

El plan de la administración republicana descarta el despliegue de tropas estadounidenses en Haití, proponiendo en cambio que ciertos países de la región, como Argentina, Canadá y Colombia, aporten efectivos militares o de seguridad a una eventual misión de la OEA.

La Casa Blanca aspira a que esta misión regional desembarque en Haití antes de que finalice 2025. Octubre se perfila como un mes clave, ya que vence el mandato de la actual misión de la ONU, cuya no renovación facilitaría los movimientos protocolares y diplomáticos de la OEA hacia Puerto Príncipe. La estrategia estadounidense busca una solución regional con una fuerte dosis de «mano dura» para intentar estabilizar el convulso Haití.

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