Las 3 claves para tratar el Trastorno del Desarrollo del Lenguaje

Durante las VI Jornadas Neurocientíficas y Educativas celebradas por la Fundación Crecer Conectados, la reconocida psicóloga infantil y neuroeducadora Ana Ramírez lanzó una contundente advertencia: “El Trastorno del Desarrollo del Lenguaje (TDL) sigue siendo uno de los grandes invisibilizados en el ámbito escolar y clínico”.
Ramírez, quien ha trabajado por más de 15 años con niños que presentan alteraciones en el lenguaje, subrayó la importancia de abordar el TDL desde una perspectiva integral que involucre a la familia, la escuela y el sistema de salud. “Un niño con TDL no solo tiene dificultades para comunicarse; también sufre en silencio al no sentirse comprendido ni atendido por su entorno”, señaló.
Una condición infravalorada pero frecuente
Aunque el lenguaje es una de las herramientas más potentes para comprender y expresar el mundo, el TDL ralentiza su adquisición, interfiriendo con habilidades básicas como estructurar frases, comprender instrucciones o desarrollar vocabulario. Ramírez estima que entre un 7 % y un 10 % de la población infantil podría estar afectada, y muchos casos no se diagnostican correctamente.
“Por desgracia, muchos niños con TDL son etiquetados de ‘vagos’, ‘despistados’ o ‘malcriados’, cuando en realidad necesitan intervenciones específicas. De no recibirlas, son más propensos al fracaso escolar o incluso al abandono temprano de los estudios”, advirtió.
Detectar a tiempo puede cambiar el futuro
La especialista destacó que entre los 0 y 6 años se establecen las bases del lenguaje, por lo que las señales de alerta —como dificultades para explicar ideas, retener canciones o comprender instrucciones— deben atenderse cuanto antes. “Un diagnóstico temprano permite diseñar apoyos personalizados y mejorar significativamente la trayectoria educativa del menor”.
Escuela y salud: una alianza fundamental
Uno de los puntos clave expuestos fue la necesidad de construir puentes entre la comunidad educativa y el sistema de salud. Ramírez lo deja claro: “Un maestro que comprende el TDL puede ser la diferencia entre un niño que sufre y uno que progresa”.
Adaptar los métodos de enseñanza, flexibilizar evaluaciones y fomentar un entorno seguro en el aula son algunos de los cambios necesarios. “No se trata solo de modificar lo lingüístico; también matemáticas, ciencias e incluso educación física requieren ajustes”, explicó.
Romper el silencio, apoyar el desarrollo
Ramírez cerró su intervención con un llamado a padres, docentes y autoridades: “No permitamos que estos niños pasen desapercibidos. El lenguaje es una llave para el aprendizaje, pero también para la autoestima y la inclusión social. Merecen todas las oportunidades para desarrollarse plenamente”.





