La Basílica de Higüey, símbolo de fe y patrimonio arquitectónico de la República Dominicana

Santo Domingo.– La Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia, conocida popularmente como la Basílica de Higüey, se mantiene como uno de los principales refugios espirituales del pueblo dominicano y un monumento arquitectónico de gran valor histórico. Miles de fieles llegan cada día al templo en busca de consuelo, esperanza y la gracia de un milagro ante la Virgen de la Altagracia.
Con velas, rosarios y vestimentas blancas, muchos peregrinos atraviesan la puerta principal del santuario como expresión de su profunda devoción. Para otros visitantes, la Basílica representa además un ícono cultural y arquitectónico del país.
Una obra monumental
La construcción del templo inició en 1954 por orden del primer obispo de Higüey, monseñor Juan Félix Pepén, y se extendió por 17 años. El diseño fue realizado por los arquitectos franceses André-Jacques Dunoyer de Segonzac y Pierre Dupré, seleccionados en un concurso internacional.
Entre sus características destacan:
- Estructura en forma de cruz latina.
- Puerta principal de bronce bañada en oro de 24 quilates.
- Campanario con 45 campanas de bronce.
- Capacidad para 3,000 personas en su interior.
- Arco principal de 80 metros de altura.
- Conjunto arquitectónico que abarca 40,000 m², con la edificación principal sobre 4,680 m².
- Vitrales, murales y un órgano de gran sonoridad que enriquecen el ambiente sagrado.
Historia y reconocimiento
La Basílica fue inaugurada el 21 de enero de 1971 por el presidente Joaquín Balaguer. Ese mismo año fue declarada Monumento Dominicano y recibió el título de Basílica Menor por el papa Pablo VI. En 1973 fue elevada a Catedral de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia y en 1992 recibió la bendición del papa Juan Pablo II desde Roma.
Hoy en día, la Basílica de Higüey es uno de los santuarios religiosos más visitados de Latinoamérica, donde se venera la imagen de la Virgen de la Altagracia, considerada la primera evangelizadora de América y símbolo de fe, identidad y esperanza para millones de creyentes.



