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Crecen los llamados al boicot contra el Mundial 2026 en EE. UU. por políticas de la administración Trump

ZÚRICH / BERLÍN.— A pocos meses del inicio de la Copa del Mundo 2026, la controversia política ha alcanzado los niveles más altos del fútbol internacional. El expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, se ha sumado a las voces que instan a los aficionados a replantearse su asistencia al torneo en territorio estadounidense, citando graves preocupaciones de seguridad y derechos humanos bajo la administración de Donald Trump.

Voces de peso exigen una postura firme

Blatter respaldó públicamente las declaraciones de Mark Pieth, reconocido experto en anticorrupción y exasesor de la FIFA, quien ha sido tajante en su recomendación: «Para los aficionados, solo hay un consejo: ¡manténganse alejados de Estados Unidos!». Pieth sostiene que el riesgo de deportación inmediata por criterios arbitrarios de los agentes de aduanas es real, sugiriendo que «es mejor ver el torneo por televisión».

Desde Alemania, la presión también aumenta. Oke Göttlich, vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) y presidente del club St. Pauli, instó a las organizaciones deportivas a «establecer tabúes y límites», comparando la situación actual con los boicots olímpicos de los años 80 y señalando que las amenazas actuales son incluso más profundas.

Las políticas de Trump en el ojo del huracán

El descontento internacional se alimenta de tres ejes principales que han puesto en duda la viabilidad de EE. UU. como sede acogedora:

  1. El Veto Migratorio: Las recientes restricciones de viaje impuestas por Washington afectan directamente a ciudadanos de países ya clasificados para el torneo, como Senegal, Costa de Marfil, Irán y Haití, dejando a sus aficiones en un limbo legal.

  2. Seguridad y Derechos Humanos: Las tácticas agresivas contra inmigrantes y manifestantes dentro de las fronteras estadounidenses han generado una percepción de inestabilidad y falta de garantías para los visitantes extranjeros.

  3. Tensiones Geopolíticas: Acciones polémicas, como la insistencia en la soberanía sobre Groenlandia, han deteriorado las relaciones diplomáticas con aliados europeos, complicando el clima de cooperación necesario para un evento de esta magnitud.

Un Mundial dividido

Aunque el torneo es coorganizado con México y Canadá, la polémica se concentra exclusivamente en las sedes de Estados Unidos. Mientras la FIFA mantiene un hermético silencio, el mundo del fútbol debate si los valores del deporte pueden coexistir con el actual panorama político del país norteamericano.

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