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¡SOS desde La Barquita! Puente Luperón agoniza entre el óxido y la oscuridad; comerciantes al borde de la quiebra por apagones de terror.

¡Alarma roja en Santo Domingo Norte! El emblemático puente Gregorio Luperón, vital arteria que conecta La Barquita y Sabana Perdida, se encuentra en estado crítico, al borde de un colapso anunciado. Comerciantes y residentes alzan la voz desesperada, advirtiendo que su avanzado deterioro representa una bomba de tiempo para los cientos de ciudadanos que lo transitan diariamente. Pero la pesadilla no termina ahí: tandas de apagones de hasta 10 horas diarias asfixian la zona, llevando a negocios al cierre y a la comunidad al límite.

«Ese puente está peor que el de la 17, los pedazos se están cayendo, los tornillos se están soltando, y nadie hace nada. Si no intervienen ahora, lo que viene es una desgracia», clama con angustia Wellington Joaquín Aquino, un comerciante afectado cuya peluquería ha tenido que bajar la santamaría por la falta de electricidad. Aquino no solo teme por su sustento, sino también por la seguridad de quienes cruzan a diario esta estructura carcomida.

El clamor es unánime entre los residentes, quienes aseguran que el peligro del puente no solo amenaza vidas, sino también la economía local, basada en el comercio informal. «Los negocios están cerrando porque la gente no quiere cruzar. El espacio es muy estrecho y ese hoyo que hay ahí va a provocar una tragedia», alerta otro vecino, señalando el creciente temor que infunde el precario estado de la infraestructura.

A este panorama sombrío se suma una crisis energética que golpea con furia al sector. «Yo pagué 5,800 pesos de luz y no tengo ni una hora de servicio. Soy comerciante, quiero trabajar, pero ¿cómo lo hago sin electricidad? Estamos pagando apagones, ¡eso es un abuso!», exclama con indignación otro morador, reflejando la frustración generalizada por un servicio eléctrico inexistente a pesar de las facturas elevadas.

La comunidad de La Barquita y Sabana Perdida lanza un grito desesperado al presidente Luis Abinader y al Ministerio de Obras Públicas, exigiendo una intervención urgente del puente antes de que ocurra una tragedia irreparable. Asimismo, claman por la atención inmediata de las autoridades energéticas ante lo que describen como un abandono sistemático que los sume en la oscuridad y la desesperación. «No queremos robar ni atracar, queremos trabajar. Pero así no se puede. Aquí lo que hay es hambre y desesperación», concluye con amargura uno de los afectados, pintando un retrato desolador de una comunidad que se siente olvidada y al borde del abismo.

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