Salud

La «Generación Sándwich»: Un Pilar Invisible de la Sociedad que Requiere Atención Urgente

 La «generación sándwich», un grupo demográfico creciente compuesto principalmente por mujeres de entre 40 y 55 años, se encuentra en una encrucijada vital: la doble responsabilidad de cuidar a sus hijos menores y a sus padres envejecientes dependientes. Esta labor esencial, a menudo invisibilizada, no remunerada y socialmente desvalorizada, conlleva profundas implicaciones emocionales, económicas y laborales para quienes la asumen.

Las estadísticas revelan una marcada desigualdad de género en esta realidad. En España, por ejemplo, el 73% de esta generación son mujeres, una cifra que asciende al 73% en Cataluña. Esto subraya cómo las estructuras patriarcales continúan asignando la mayor parte de la carga de los cuidados a las mujeres. Esta situación a menudo las obliga a reducir o abandonar sus carreras profesionales, lo que se traduce en peores condiciones laborales, salarios más bajos y menor promoción. A largo plazo, esto impacta directamente en sus pensiones, aumentando el riesgo de pobreza en la vejez. La falta de reconocimiento social y laboral agrava su sensación de insatisfacción, culpa y agotamiento, afectando seriamente su salud mental.

A pesar de su invisibilidad, el trabajo de cuidados de la generación sándwich tiene un impacto económico significativo. Solo en Cataluña, las casi 60.000 personas que conforman esta generación dedican 148 millones de horas anuales a cuidados, lo que equivale a un impresionante 2.2% del Producto Interno Bruto (PIB) catalán (y un 4.1% del Valor Añadido Bruto). Sin embargo, el modelo social «familiarista» predominante en países como España significa que ni el Estado ni el mercado asumen adecuadamente la responsabilidad de estos cuidados, dejándolos principalmente en manos de las familias y, por extensión, de las mujeres.

La pandemia de COVID-19 solo ha intensificado el estrés y la sobrecarga de la generación sándwich, debilitando sus redes de apoyo y aumentando el riesgo de exclusión social. La solución a esta problemática no radica en medidas aisladas, sino en un cambio estructural profundo. Se necesita un pacto social que reconozca, valore y redistribuya los cuidados entre el Estado, el mercado y las familias.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sugerido una serie de medidas clave para abordar esta situación, incluyendo horarios flexibles, servicios de cuidados asequibles (como residencias para mayores y guarderías), y reformas políticas que combatan la desigualdad de género, tales como permisos parentales remunerados y subvenciones para el cuidado de personas mayores. Sin un cambio de paradigma que asuma esta responsabilidad colectiva, la injusticia estructural hacia quienes sostienen el bienestar social persistirá.

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